Como hace tiempo que no escribo nada, os voy a contar algo que seguro que no sabéis.
Hace tiempo que sigo hablando con Heidi, pero hasta hoy no me ha dejado escribir nada sobre ella porque le daba vergüenza que viéramos su casa en obras, os dejo una foto de Heidi en su casita, y seguimos con la historia.
Heidi ayudaba a Pedro con su rebaño de cabras como lo había hecho últimamente, pero claro, la adolescencia hace que las hormonas se pongan a tope, y claro, en lo alto de las montañas, y sin nadie que los viera, pues empezaron a jugar a los médicos. Al principio de una forma inocente (como todos), pero poco a poco, se fueron conociendo tanto que surgió el amor.
Al principio decidieron guardarlo en secreto, pero cuando vieron que el abuelo de Heidi moriría de una enfermedad grave -manopajismo- decidieron oficializar la relación y casarse antes de que el abuelo muriera. La boda la celebraron en lo alto de la montaña, con Copo de Nieve como dama de honor y Clara como una de los testigos del enlace. Por cierto, volvía a ir en silla de ruedas porque se cayó por la escalera de su mansión al tropezarse con un bollo de panecillo blanco y se rompió las dos piernas.
Pasaron dos meses más y murió su abuelo. Ella y Pedro se quedaron muy apenados y a dos velas, pero como Clara estaba forrada les echó una mano. Y decidieron montar una empresa de leche de vaca casera. Las cabras no daban para subsistir en el mundo actual, así que las vendieron como recuerdos de Suiza a los turistas de Berna y se las quitaron de encima.
La idea era montar el negocio en Suiza, por aquello de no tener que desplazarse, pero buscando por internet vieron un pueblo en Ávila que tenía muy buena pinta para montar la granja de vacas. Era mucho más barato montar el negocio, la mano de obra era más barata, y además, darían empleo a buena parte de la comarca. Además de poder disfrutar de lo mejor de España: el jamón.
Además, tuvieron la excelente idea de vender la leche que transformaban como leche original de Suiza; así conseguían más prestigio, y también conseguían que nadie fuera a buscarles al pueblecito de Ávila, con lo que las vacas estaban menos estresadas y conseguían una leche de excelente calidad.
Como el negocio funcionaba muy bien se permitieron el lujo de patrocinar incluso a un equipo de baloncesto llamado Los Ganchitos cuya sede central se ubicaba en la provincia de Barcelona. Éstos conocían el secreto de la central lechera, estaban ubicados en España, pero decidieron pactar una “ley del silencio” para no fastidiar el negocio y conseguir dinero para fichajes estrella. Necesitaban este dinero para subir escalafones en la Liga Basketstars.
Al final, después de mejorar mucho el equipo, decidieron dejar de patrocinarles para apoyar a un equipo de chapas que también necesitaban apoyo económico.
Heidi y Pedro siguen muy felices, y están buscando su primer retoño.
Saludos.
Escrito por Familia F-F 








